La matriz de generación eléctrica de Cuba, un país sumido en una crisis energética que provoca frecuentes apagones, está dominada por el crudo nacional, el gas acompañante de la extracción del petróleo cubano, y las fuentes renovables de energía, aunque estas últimas aún representan un porcentaje muy pequeño de la generación cubana, a pesar de los planes del Gobierno de La Habana para impulsarlas.
Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), Cuba contaba a finales de 2024 con unos 816 MW de potencia renovable instalada. En concreto, el país tiene 440 MW de bioenergía -basada en el bagazo, el residuo de pulpa seca proveniente de la extracción de azúcar, que es la principal fuente de biomasa para la generación de energía renovable en Cuba-, 292 MW fotovoltaicos, 69 MW hidráulicos y 16 MW eólicos.
La jefa del Laboratorio de Investigaciones fotovoltaicas de la Universidad de La Habana, Lídice Vaillant, explicó en declaraciones al Diario de Cuba que ya están instalados "cerca de un millón de paneles fotovoltaicos, y hay planes para desplegar otros 3,6 millones de paneles más", lo que significa que "en dos años se multiplicará por cinco la potencia que se ha instalado en la última década".
Para cumplir con esa estrategia, en Cuba "se lleva a cabo un amplio proceso de inversión que consta de dos proyectos. El primero de ellos permitirá instalar 1.000 MW en un periodo de dos años; el segundo proyecto, de igual cantidad de generación, debe estar listo en 2031", señaló Vaillant.
Planes cubanos
Entre las principales contribuciones de mitigación declaradas por Cuba figura el compromiso de que el 26% del total de la generación de electricidad será renovable en 2035, y la voluntad de incrementar la eficiencia energética en Cuba para evitar el consumo de 329,000 toneladas equivalentes de petróleo (tep) al año entre 2031 y 2035.
Además, Cuba quiere reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) mediante el tratamiento anaeróbico de los residuos de la industria de la caña de azúcar, con una meta de reducir las emisiones a 0.377 toneladas de CO2 equivalente por hectolitro de alcohol producido.
En cuanto a las medidas de descarbonización del transporte, el país se ha propuesto que para el 2035, el 70% de los vehículos nuevos matriculados (importados y de producción nacional) sean eléctricos.
También se han comprometido a incrementar la cobertura forestal y reducir la degradación de los bosques para mejorar la capacidad neta de absorción de carbono, con una meta de absorber 150,000 toneladas de CO2 equivalente.
La realidad de Cuba
A pesar de los planes del Gobierno, los apagones continúan. Según recoge la prensa no adscrita al régimen cubano, los planes renovables del Gobierno de La Habana son un "cuento de hadas" que no sacará a Cuba de la oscuridad en la que se haya sumida el país.
Los críticos con el Gobierno plantean que las prioridades nacionales no deben estar alineadas con la transición energética, sino centradas en utilizar mejor la tecnología ya instalada como el petróleo y el gas, sobre todo porque "por su insignificante actividad económica actual, la huella ecológica del país es irrelevante", aseguran.