Estos fondos, que proceden del Mecanismo Conectar Europa (CEF) de la Agencia Ejecutiva Europea de Clima, Infraestructuras y Medio Ambiente (Cinea), ascienden a 75,8 millones de euros, incluyendo los estudios para un almacenamiento subterráneo asociado a la Red Troncal Española de Hidrógeno. Los primeros ejes de la Red Troncal Española de Hidrógeno son el Eje Vía de la Plata con su conexión con el Valle de Hidrógeno de Puertollano, y el Eje que engloba a su vez los ejes de la Cornisa Cantábrica, del Valle del Ebro y de Levante, que suman una longitud aproximada prevista de 2.600 kilómetros. El corredor H2Med está formado por una conexión entre Celorico da Beira en Portugal y Zamora en España (CelZa) y una polémica conexión marítima submarina entre Barcelona y Marsella (BarMar), que ha sido muy contestada por numerosos actores del sector energético internacional (el gasoducto tendría 455 kilómetros de longitud que se desplegarían por fondos de hasta más de 2.500 metros y atravesaría el Golfo de León, en el que se encuentra uno de los ecosistemas marinos más ricos de todo el Mediterráneo).
[Bajo estas líneas, a la derecha, mapa de infraestructuras de H2Med. Y, en esta imagen, que se encuentra en la página de Enagas con el título Visión Europea Red de Hidrógeno 2030, una mirada más amplia sobre la "futurible" red europea de gasoductos para H2].
La breve historia de la subvención
Enagás presentó, en octubre de 2024, la solicitud a esta convocatoria de fondos CEF para realizar los estudios de estos Proyectos de Interés Común (PCI) europeo, y la propia compañía anunciaba ayer, a través de un comunicado, la aprobación por parte de la Comisión Europea "al 100% de los fondos solicitados". En concreto: 75,8 millones de euros, "incluyendo los estudios para un almacenamiento subterráneo asociado a la Red Troncal Española de Hidrógeno".
Esta inversión de la UE para el desarrollo de los Proyectos de interés Común (PCI) de infraestructuras energéticas de hidrógeno verde en las que participa Enagás, que suponen el 50% de la inversión total para estos estudios, permitirán a la compañía avanzar en el desarrollo de estas infraestructuras, que Enagás considera claves "para la descarbonización de la industria europea y para alcanzar los objetivos europeos del Pacto Verde Europeo y REPowerEU".
Cinea ha aprobado fondos CEF en esta convocatoria para estudios de desarrollo de 21 proyectos de infraestructuras de hidrógeno por un importe de alrededor de 250 millones de euros.
En el total de esta convocatoria, la Comisión Europea asignará casi 1.250 millones de euros en subvenciones CEF a un total de 41 proyectos transfronterizos de infraestructuras energéticas, en el marco político de las redes transeuropeas de energía (RTE-E).
Qué es el hidrógeno
El hidrógeno es el elemento químico más ligero que existe. Su átomo está formado por un protón y un electrón y es estable en forma de molécula diatómica (H2). En condiciones normales se encuentra en estado gaseoso, y es insípido, incoloro e inodoro. En el planeta Tierra es muy abundante. El problema es que siempre se encuentra combinado con otros elementos, como el oxígeno, formando moléculas de agua (H2), o el carbono, formando compuestos orgánicos, como el metano (comercialmente conocido como gas natural). Por tanto, no es un combustible que pueda tomarse directamente de la naturaleza, hay que producirlo, rompiendo por ejemplo moléculas de agua: separaríamos el oxígeno del hidrógeno y obtendríamos así el gas que queremos transportar por gasoductos como H2med. Si rompemos la molécula del agua "electrocutándola", o sea, y dicho sea grosso modo, inyectándole electricidad de origen renovable, tendremos entonces lo que coloquialmente se conoce como hidrógeno renovable, o verde.
El statu quo actual de la producción y transporte de hidrógeno está suscitando muchas controversias, sin embargo. Organizaciones ambientales y de la sociedad civil de Francia, Polonia, Portugal, Malta, España, Bulgaria, Bélgica e Italia firmaron hace unos meses un manifiesto en el que que calificaban de "innecesario" el gasoducto que nos ocupa: H2Med. Los firmantes sostienen que el hidrógeno verde es una "tecnología inmadura" no solo en cuanto a su producción a gran escala, sino también en cuanto a su transporte y su almacenamiento, y adelantaban que la financiación pública que podría recibir este proyecto "irá en detrimento" de tecnologías ya probadas, como las energías renovables (eólica y fotovoltaica, fundamentalmente, pero no solo), y "agravará la crisis energética".
Entre sus críticas incluyen las siguientes
• No existe información sobre la viabilidad técnica, en materia de seguridad, y económica de este gasoducto, cuyo trazado recorrería miles de kilómetros, terrestres y sobre todo submarinos (lo cual parece evidente, a la vista de que esta subvención a fondo perdido es precisamente para estudiar este proyecto). Y hay aquí otra derivada: las propiedades fisicoquímicas del hidrógeno implican un mayor riesgo de fugas -es más volátil, como se dijo-, con las consiguientes repercusiones sobre el clima (el hidrógeno es un gas de efecto invernadero indirecto;
• no existen guías sobre su diseño de manera que se garantice la eficiencia y la seguridad de la infraestructura en cuestión;
• los niveles actuales de producción de hidrógeno no justifican la ejecución de esta infraestructura;
• los promotores de esta solución energética no han realizado un estudio previo detallado sobre las perspectivas de producción y demanda futura del hidrógeno verde;
• las tecnologías para adaptar los gasoductos fósiles al transporte de hidrógeno no están desarrolladas actualmente a gran escala (la futurible construcción del H2Med implicaría la construcción de una red de nuevas infraestructuras para el transporte del hidrógeno a media y larga distancia que, hasta la fecha, no ha demostrado ser necesaria)
• y nadie sabe cuántas instalaciones de producción de energías renovables harían falta para generar la electricidad que van a necesitar las fábricas de hidrógeno para que este hidrógeno sea verde (ahora mismo la inmensa mayoría del hidrógeno que produce la industria es hidrógeno sucio, fabricado a partir de combustibles fósiles en procesos en los que además se producen emisiones de gases de efecto invernadero; si el hidrógeno quiere ser verde deberá ser producido a partir de agua -H2O- y mediante energías renovables). Y dos derivadas. Una: ¿cuánto costarán todos esos nuevos parques eólicos y solares? Y dos: ¿cuál será su coste en materia de impactos ambientales?
Las personas y entidades firmantes de este manifiesto, entre las que se encuentran Greenpeace, el European Environmental Bureau o el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente, no rebaten la consideración del hidrógeno verde como parte de la solución, pero plantean su uso en clave local: "las dificultades asociadas al transporte de hidrógeno a larga distancia desde una perspectiva económica, técnica y de eficiencia energética hacen que el objetivo sea priorizar la producción y el consumo local de hidrógeno verde".
Así, las personas físicas y organizaciones firmantes, entre las que se encuentran la Fundación Renovables, el observatorio ODG o una decena de eurodiputados, indican que el uso del hidrógeno verde debe priorizar "aquellos sectores industriales difíciles de descarbonizar (sector siderúrgico) y en sectores imposibles de electrificar como el transporte marítimo o la aviación", eso sí -matizan- "no sin antes reducir su demanda".
[Bajo estas líneas, infografía que muestra los usos potenciales del hidrógeno. Fuente: Repsol]
Los firmantes de la carta-manifiesto, habida cuenta de todo ello, alertan sobre el riesgo de que el H2Med acabe siendo un caballo de Troya del gas. “En caso de blending -mezcla de gas fósil con hidrógeno-, el hidrógeno verde podría utilizarse como excusa para continuar dependiendo del gas fósil, lo cual es inaceptable -argumentan- por sus graves repercusiones sobre las personas y el clima”.
Sobre el hidrógeno limpio y el hidrógeno sucio
El hidrógeno sucio (llamado eufemísticamente hidrógeno gris o marrón) utiliza como materia prima un combustible fósil: gas o carbón (según la Agencia Internacional de la Energía, AIE, el 6% del gas y el 4% del carbón mundiales son empleados como materia prima para fabricar hidrógeno). En su proceso de fabricación, además, se producen gases de efecto invernadero. Según datos de la AIE, (1) la demanda global de hidrógeno puro en 2018 fue de casi 75 millones de toneladas y (2) la producción de hidrógeno es responsable de la emisión de alrededor de 830 millones de toneladas de CO2 al año, el equivalente a las emisiones de Reino Unido e Indonesia. O sea, que del proceso de fabricación de hidrógeno sale diez veces más humo (830 millones de toneladas) que hidrógeno útil (75).
El hidrógeno verde sin embargo es aquel que emplea como materia prima el agua (H2O). En su proceso de fabricación, la máquina que lo produce (el electrolizador, que utiliza electricidad para separar el hidrógeno del oxígeno) no emite como “residuo” más que oxígeno (para que el proceso sea completamente limpio, la electricidad además debe ser de origen renovable). Pues bien, en ese marco, el Gobierno elaboró en 2020 la “Hoja de Ruta del Hidrógeno: una apuesta por el hidrógeno renovable”, un documento, de más de 50 páginas, que sostiene que el hidrógeno será “clave” para que España alcance la neutralidad climática, “con un sistema eléctrico 100% renovable, no más tarde de 2050”. El Ejecutivo reconoce en todo caso que la producción y aplicación del hidrógeno renovable en España no serán plenamente competitivas hasta 2030.
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