En los campos de refugiados la cuestión de la energía es fundamental ya que permite disponer de un confort mínimo. Actualmente, la mayoría de los campos obtiene la electricidad de grupos electrógenos portátiles, muchos de ellos contaminantes y hasta peligrosos.
Resueltos a ayudar a solventar esta situación, los tres jóvenes franceses decidieron desarrollar esta vela fotovoltaica, a mitad de camino entre un globo y una cometa y utilizable no solo en los campos de refugiados sino en cualquier lugar donde la electrificación sea un problema (desde lugares aislados de la red a zonas afectadas por un desastre, festivales, obras de construcción, etc.)
Doblado, el globo fotovoltaico ocupa menos de un metro cúbico y contiene un electrolizador, que también ayuda a inflarlo, con hidrógeno. En el aire, alcanza los 15 metros cuadrados y opera de manera totalmente autónoma, obteniendo la energía de la fina tela plástica fotovoltaica con la que va recubierto.
El aparato puede alcanzar una altura de hasta 50 metros, lo que le asegura recibir una gran exposición solar, y genera energía suficiente para atender las necesidades de unas 50 personas, o de 15 tiendas de campaña, según explican sus creadores. Tiene un rendimiento de un 15%, pero los jóvenes franceses trabajan ya para elevarlo al 18%. La tecnología ha sido testada en el Instituto de Investigación y Desarrollo de la Energía Fotovoltaica (Irdep, Institut de Recherche et Développement sur l'Énergie Photovoltaïque), que pertenece a Electricité de France (EDF).
El proyecto ha sido premiado con el “Challenge Humanitech” 2014, aunque para convertirlo en realidad hace falta algo más que premios. Conscientes de ello, Karen Assaraf, Cédric Tomissi y Julie Dautel, que esperan tener una primera versión de Zéphyr en un plazo de dos años, tienen como desafío actual gestionar esa transición y tener éxito en la búsqueda de socios para afrontar la financiación de su globo solar.