“Es económicamente viable utilizar la inversión a gran escala en energías renovables junto con acuerdos de compra de energía (PPA) para sustituir los activos de carbón a través de transacciones que cubran todos los costes asociados a su transición a las energías renovables”, señalan los autores de esta investigación, que ha estudiado cinco países –Botsuana, Colombia, Marruecos, Rumanía y Tailandia– para demostrar la viabilidad de este planteamiento.
En cada uno de ellos, los datos económicos indican que si las energías renovables están operativas entre 2026 y 2028, los proyectos pueden poner fin por completo a las emisiones de dióxido de carbono procedentes de las centrales de carbón en 2029 y proporcionar, al mismo tiempo, la base para atraer importantes inversiones extranjeras directas y crear nuevas e importantes oportunidades de empleo.
“Dado que sólo el 10% de la capacidad energética de carbón existente en el mundo se desmantelará de aquí a 2030, la oportunidad de adelantar las fechas de cierre es considerable”, señala Paul Jacobson, colaborador invitado de IEEFA y autor del informe. "Existe un sólido argumento comercial para sustituir las centrales de carbón anticuadas por sistemas solares y de almacenamiento a gran escala, transformando el panorama energético y el potencial económico de los mercados emergentes", afirma. "Tales programas pueden acelerar en más de 10 años el cierre de los activos de generación de energía más sucios de las economías emergentes”.
El papel de los PPA
Según el modelo propuesto por el IEEFA, el cierre de la capacidad de generación de carbón y su sustitución por generación limpia con renovables funciona porque los PPA de energías renovables garantizan unos ingresos considerables durante 20-30 años.
“Estos acuerdos pueden sufragar todos los costes asociados a la transición del carbón a la energía limpia, incluido el desmantelamiento de las instalaciones, la recuperación de las pérdidas de capital derivadas del cierre de un activo operativo, la financiación de los CCE, la construcción y el desarrollo de energías renovables, el reciclaje de los trabajadores y la modernización de la infraestructura de la red para soportar más energía limpia”, indican.
Los autores del estudio remarcan que si bien la transición del carbón a la energía limpia es rentable sin subvenciones para los proyectos analizados, en la actualidad existen recursos limitados para identificar oportunidades similares y apoyar a los equipos locales que pueden crear casos de negocio financiables. “Esto ofrece un punto de entrada ideal para que organizaciones filantrópicas, instituciones financieras privadas o bancos de desarrollo financien equipos especializados que puedan evaluar si las operaciones son viables, reducir su riesgo y entregarlas a los eventuales promotores.”, señalan. Y apuntan que esta “es también una excelente oportunidad para que las instituciones financieras creen su propio flujo de transacciones financiables de carbón a energías limpias”.
El informe concluye que un programa ambicioso de desarrollo de energías renovables tiene más probabilidades de ser viable que las pequeñas transacciones. Esto se debe a que los planteamientos a gran escala pueden convertirse en prioridades nacionales, lo que se traduce en eficiencias de costes a largo plazo y en el desarrollo de una base de empleo local.