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Alex (me pide que le llame así) es el director general de Magallanes Renovables desde hace cuatro años. Conoció el sueño de su padre (fundador de la empresa) siendo apenas un niño; fue creciendo como él (como el sueño); y un buen día “mi padre me ofreció incorporarme a este proyecto para darle un empujón financiero, y yo lo hice con muchísima ilusión”. Esta es la historia –de pasado “contracorriente”, de presente frenético y de futuro apasionante– de Magallanes, o de un sueño que está a punto al fin de convertirse en realidad.
"Estamos muy cerca"

¿En qué momento se le ocurre a un industrial del sector textil [Alejandro padre] buscar energía en las corrientes marinas?
Pues el origen hay que buscarlo casi 30 años atrás. En nuestra casa somos muy de mar, somos gallegos, y además gallegos de las Rías Baixas. Nos encanta nadar, navegar, la pesca, yo hago surf… El caso es que un día, buceando con sus primos, en Gibraltar, a mi padre casi le arrastra la corriente del Estrecho. Vamos, que casi se ahoga. Ahí le nace el interés por todo esto, de esa experiencia, que aún recuerda muy vívidamente, de no ser capaz de nadar contracorriente... El caso es que, diez años después, y tras haber trabado contacto con la Universidad de Vigo por motivos relacionados con la I+D en temas de textil, mi padre decide plantear allí su idea. Y, al principio… pues casi que le tomaron por loco. Pero, a la vuelta de unos años, le llaman y le dicen: “oye, Alejandro, resulta que hay unos tipos en Escocia que hacen algo como lo que tú nos comentabas”. Y hasta hoy.

¿Y qué estaban haciendo en Escocia?
Pues estaban desarrollando sistemas mareomotrices sumergidos.

Pero la propuesta de Magallanes es flotante…
Efectivamente. Mi padre estuvo estudiando el estado del arte y, con esa intuición que tiene, y con esa capacidad de análisis técnico, enseguida se dio cuenta de que iba a ser más sencillo el mantenimiento de un dispositivo flotante que el de uno sumergido, así que fuimos los pioneros [a principios de la década pasada] en el desarrollo de un sistema flotante. Y el tiempo le ha dado la razón. De hecho, los sistemas sumergidos están desapareciendo, mientras que los flotantes estamos cada vez con más visos de alcanzar la ansiada comercialización. Ahora mismo, dos empresas lideran ese mercado mundial, el flotante, y una es la nuestra.

En la carrera por el aprovechamiento de la energía mareomotriz, ¿cuántos son los actores?
Empresas hay decenas, pero que estemos en un nivel de desarrollo importante, es decir, que tengamos ya en el agua, testada, una máquina de tamaño real, o sea, de tamaño uno-uno, somos… yo diría que 5 empresas en todo el mundo: tres escocesas, una francesa y nosotros.

¿Cómo puede salir adelante un invento como este si hacen falta al menos 15 años de I+D?
Con las aportaciones de socios pequeños, socios minoritarios… Y teniendo un equipo pequeño. Y siendo muy eficientes… Con ayudas de I+D, por supuesto: ayudas estatales, y fundamentalmente europeas, y, sobre todo, en los últimos estadios, que son los más intensivos en capital, con el apoyo de inversores privados.

¿Y dónde ha resultado más sencillo encontrar esos capitales?
Sencillo no ha sido en ninguna parte. Todo ha sido complejo. Porque al fin y al cabo estamos hablando de algo, un proyecto a futuro, muy binario: o sale o no sale. Aquí no hay medias tintas. Y ese aspecto binario de la inversión no le gusta nada a los inversores. Por eso ha sido tan importante, y tan de agradecer, el apoyo que hemos conseguido a nivel público: el apoyo de la Sociedad Española de Participaciones Industriales [Ministerio de Hacienda], apoyo del Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación [Ministerio de Ciencia] o el de la Xunta de Galicia. Y, luego, a nivel europeo, pues el de la Comisión Europea.

Y, quince años después, ¿dónde estamos? ¿En qué TRL? [Technology readiness level o nivel de madurez de la tecnología, que va de 0 a 9].
Pues entiendo que somos 8 ó 9. ¿Y por qué? Pues porque hemos probado ya en entorno real una máquina, una máquina piloto, de 1,5 megavatios, que ha funcionado durante cinco años en aguas de Escocia. Y, ahora, hemos desarrollado y mejorado la ingeniería de esa misma máquina, que vamos a empezar a construir este año, en el 25, y que estará terminada en este 25 ó a principios del 26.

¿Y después? Entiendo que la fase comercial, ¿no?
Sí, después instalaremos la primera máquina (el año que viene o el siguiente) en aguas británicas. Allí hemos resultado adjudicatarios, en tres subastas, de una tarifa fija, y vamos a instalar 9 máquinas. Magallanes es una de las dos únicas empresas de todo el mundo que ha ganado adjudicaciones en las tres subastas que ha celebrado el gobierno británico.

¿Y a cuánto pagan el megavatio hora mareomotriz?
El precio en la primera subasta fue 178 libras el megavatio hora; 198 en la segunda; y 172 en la tercera. Precios indexados a la libra 2012. Hoy en día rondaría los 300 euros el megavatio.

¿Y cuántas horas va a producir una máquina Magallanes en aguas británicas?
Unas 3.300 horas.

¿Algún mensaje para acabar?
Sí: todo esto es tecnología española. Y estamos muy cerca, y los primeros que entren en mareomotriz van a ser los más premiados. Y yo creo que tenemos que defender todo esto que estamos haciendo en España. Porque la rentabilidad que esto va a darle al país a nivel de puestos de trabajo y de beneficios sociales y económicos es… inimaginable.

Esto es como lo de las placas solares: si las placas solares se fabricasen en España en vez de en China, cómo cambiaría todo esto, ¿verdad?

Yo creo que es importante generar energía renovable en el país, pero también es importante fabricarla: desarrollar esa industria, fabricar aquí y generar puestos de trabajo aquí.

Esta entrevista está incluida en el número de marzo de la revista en papel (ER239), que puedes descargar gratis en PDF en este enlace

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