Javier Díaz, presidente de Avebiom, reconoce que, “aunque es una progresión que no se estanca, resulta más lenta de lo que cabría esperar si nos comparamos con otros países de la Unión Europea”. Añade que “es necesario un mayor compromiso de las administraciones en todos sus niveles, desde ayuntamientos al Estado, puesto que las redes de calor con biomasa pueden jugar un papel fundamental en la descarbonización del suministro de energía térmica en los sectores residencial, servicios e industrial de España”.
Son declaraciones que acompañan el censo de 2020 de dichas redes de calor que realiza Avebiom y que suma 433 instalaciones y 383 MW, con dos comunidades autónomas claramente a la cabeza. Cataluña es la que más redes aporta, con 207 y 92 MW. En segundo lugar en número, pero primera en potencia, está Castilla y León, con 62 redes y 124,6 MW. Es decir, entre las dos superan con creces más de la mitad de las instalaciones y la potencia.
El crecimiento conseguido con respecto a 2018 es mucho menor de lo pronosticado entonces por Avebiom. Aquel año se contabilizaron 375 instalaciones y 312 MW térmicos y se aseguraba que “habría que añadir las 78 que se encuentran en fase de construcción y que elevarán la potencia a 453 MW”. Ninguna de esas dos cifras se han alcanzado ni tan siquiera dos años después, y menos la estimación de llegar a 2020 con 700 redes y 860 MW.
Barreras: endeudamiento público, precios de los fósiles y competencia del gas
Desde el sector explican que “uno de los factores principales que ha jugado en contra de que no se hayan cumplido las previsiones es el encorsetamiento de las Administraciones Públicas locales en materia de presupuestos y endeudamiento, además del precio de los combustibles fósiles y la enorme competencia del gas, sobre todo en redes en polígonos industriales”.
Desde Avebiom afirman que en la actualidad hay medio centenar de instalaciones en distintos estados de desarrollo. Recuerdan también que en este 2021 hay tres redes de calor en ciudades con más de 50.000 habitantes que podrían comenzar a dar servicio: Pamplona (barrio de Txantrea), Vitoria/Gasteiz (barrio de Coronación) y Pontevedra (Universidad de Vigo).
En cuanto a las actuales en funcionamiento, “la mayoría se localizan en el medio rural, aunque las de mayor potencia se encuentran en ciudades de entre 50.000 y 300.000 habitantes”, señalan desde Avebiom, que añade otros dos datos: el 64,3 por ciento se ubican en poblaciones de menos de 5.000 habitantes y el trece por ciento en grandes poblaciones, pero acumulan el 44 por ciento de la potencia.
Valladolid, capital de las redes de calor
La capital por antonomasia de las redes de calor con biomasa es Valladolid, que suma siete redes y 31,47 MW. Siguen a la capital de Castilla y León, dos ciudades que, con una sola red cada una, llegan a los 24 MW en el caso de Soria y a los 28 MW en el de Guadalajara. Hay varias ciudades con más redes, pero menos potencia. Avebiom explica que “en función de la demanda térmica que atienden las redes, y fijando el valor de 1 GWh/año como referencia, hemos diferenciado 55 redes y 378 microrredes”.
La incorporación de estas microrredes explica igualmente la diferencia entre el censo que realiza la Asociación de Empresas de Redes de Calor y Frío (Adhac) y el presente del Observatorio de la Biomasa de Avebiom. La primera dio a conocer en noviembre del pasado año las 357 censadas para 2020, 76 menos que las de Avebiom.
Mejor una red de calor que cientos de chimeneas
Esta última asociación también destaca de su censo que “la mayor parte de las redes consume astilla forestal, aunque las redes más pequeñas, con potencia inferior a 1 MW, pueden utilizar también pellet”. También señalan que “el 75 por ciento de las redes inventariadas suministra energía a algún edificio de uso público, y en muchas ocasiones, incorporar estos edificios, con una importante demanda térmica anual, facilita la viabilidad del proyecto global”.
Concluyen que estas redes “son una inmejorable solución para luchar contra el cambio climático, gracias a su capacidad para reducir las emisiones en el ámbito urbano y, también, para combatir la pobreza energética. Sustituir cientos de chimeneas de calderas independientes de combustibles fósiles, muchas de ellas obsoletas o con mantenimiento insuficiente, por una red de calor con biomasa que cuenta con una moderna sala de calderas permite un estricto control de emisiones y que la instalación en conjunto sea más eficiente, rentable y sostenible ambientalmente”.