El discurso del director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en Berlín estuvo centrado en el reto que se le plantea a la humanidad a la hora de obtener alimentos de calidad en un mundo con una alta competencia por los recursos naturales, incluidos los que se derivan para producir energía. Jose Graziano da Silva considera que “el desarrollo agrícola basado en un uso intensivo de insumos que ha existido en los últimos cuarenta años ya no es sostenible, y se impone un cambio de paradigma en la producción de alimentos”. Los sistemas deben ser más inteligentes y eficientes, resumen desde la FAO
El planteamiento estaba acorde con el tema del foro: La creciente demanda de alimentos, materias primas y energía: ¿oportunidades para la agricultura, desafíos para la seguridad alimentaria? “Para hacer frente al reto de alimentar a más personas utilizando menos tierra, agua y energía, son necesarios esfuerzos concertados e inversiones para apoyar una transición de gran envergadura y a nivel planetario hacia sistemas agrícolas y prácticas de gestión de la tierra sostenibles”, sostuvo Da Silva. Es aquí donde destacó el papel de los biocombustibles, dentro de un escenario en el que el cambio climático ha hecho aún más complejo el suministro seguro de alimentos.
Siempre flexibilidad, ajustes y equilibrio
Da Silva recordó que "los biocombustibles surgieron con fuerza como fuente de energía alternativa debido a la necesidad de mitigar los gases producidos por los combustibles fósiles, y esa necesidad no ha cambiado”. Por ello, defendió que hay que “pasar del debate de alimentos contra combustible a un debate sobre alimentos y combustible. No hay duda: los alimentos son lo primero, pero los biocombustibles no deben ser vistos simplemente como una amenaza o como una solución mágica. Al igual que sucede con otras cosas, pueden ser buenos o malos".
Basado con toda probabilidad en los trabajos que la FAO impulsa en este sentido (bioenergía sostenible), esta organización afirma que “la evidencia muestra que cuando se desarrollan con responsabilidad, los sistemas de producción sostenible de biocombustibles pueden proporcionar una fuente adicional de ingresos para los agricultores pobres”. “Gracias a la experiencia adquirida en los últimos años y las nuevas tecnologías de producción de biocombustibles, los países están hoy en mejor posición para evaluar las oportunidades y riesgos de esta producción y utilizarlos cuando es rentable social, ambiental y económicamente”, apostilla Da Silva.
Por último, el responsable de la FAO incidió en otro debate recurrente en sus discursos: la necesidad de flexibilizar las políticas de impulso y penetración de biocombustibles, que tienen que ver principalmente con el uso de biocarburantes en el transporte. El objetivo primordial es evitar conflictos con la producción de alimentos, por lo que concluyó que dichas políticas "necesitan ajustarse de acuerdo a la realidad, el equilibrio de la producción en curso y las existencias de los diferentes productos utilizados".