En 2023, el 12% de la producción mundial de cereales, el 28% de la de caña de azúcar y el 14% de la de aceites vegetales se destinarán a la fabricación de biocarburantes. Es una de las conclusiones del informe Perspectivas Agrícolas 2014-2023, elaborado conjuntamente por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCED) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que constata que hasta 2023 se mantendrá el dominio casi absoluto del biodiésel y el bioetanol procedente de cultivos alimentarios.
El informe pronostica que la incorporación de los biocarburantes de segunda generación seguirá siendo muy limitada, a pesar de que se estima que los niveles de consumo y producción aumenten en torno al 50%. En abril de este año la Global Renewable Fuels Alliance (GRFA) pronosticó una producción de 90.000 millones de litros de etanol para 2014, superando los 88.000 millones de 2013. Según los cálculos del informe de la OCDE y la FAO, en 2023 la cifra llegará a los 158.000 millones de litros. En cuanto al biodiésel, prevén alcanzar los 40.000 millones de litros para ese mismo año.
Baja el precio del grano de cereal y de los biocarburantes
En general, el informe destaca que los precios internacionales de los granos de cereal se han reducido de forma notoria, en gran parte debido a cosechas récord en 2013/14. “Por el contrario, los precios de la carne y los productos lácteos permanecen a niveles altos, debido ante todo a que la oferta durante 2013 se mantuvo por debajo de las expectativas”, señalan, mientras “los del etanol y el biodiésel continúan bajando de los máximos históricos que alcanzaron en 2011 en un contexto de oferta abundante”.
En el apartado de previsiones cruzadas, también creen que en la próxima década la producción ganadera y de biocarburantes crecerá a una tasa superior a la producción de granos. “Esta estructura cambiante de la producción agrícola mundial apunta en favor de los cereales secundarios y las semillas oleaginosas, a los efectos de satisfacer una creciente demanda de piensos y biocarburantes, y a expensas de cultivos alimenticios básicos incluyendo el trigo y el arroz”, añaden en el sumario del informe.
Aumento de compuestos orgánicos volátiles derivados de cultivos de pino y de palma
Esta demanda creciente de biocombustibles en general (líquidos y sólidos) y la necesidad de cubrirlos con cultivos energéticos preocupa a los impulsores del proyecto Eurochamp2 (Integration of european simulation chambers for investigating atmospheric processes), inserto en el 7º Programa Marco de investigación de la UE. Expertos de cuatro de los quince centros de investigación de ocho países europeos que participan en Eurochamp2, entre los que se encuentra la Fundación Centro de Estudios Ambientales de Mediterráneo (CEAM), han realizado un experimento que alerta sobre la presencia en la atmósfera de compuestos orgánicos volátiles como el estragol, procedente de cultivos de pinos en Estados Unidos y de palma en Asia, principalmente.
“La oxidación de este compuesto en la atmósfera –señalan– tiene como resultado la formación de ozono troposférico y de aerosoles orgánicos secundarios (SOA)”. Reconocen que se sabe muy poco sobre los procesos de degradación del estragol y su impacto en la formación de SOA y ozono, y por lo tanto en la salud. Por este motivo se experimentó en los simuladores atmosféricos Euphore, “debido a que son de las pocas instalaciones a nivel mundial capaces de llevar a cabo dichos estudios”.
Según las primeras conclusiones, “los resultados indican que efectivamente la degradación en la atmósfera del estragol debida a la radiación solar da lugar a la formación de SOA con rendimientos de entre el 18 y el 30%”. Añaden que “el cultivo del aceite de palma, y por tanto las emisiones de estragol, se espera que se incrementen en el futuro debido al aumento de la demanda de biocarburantes y alimentos”.