La clave está en la tecnología de geoinformación GIS, siglas en inglés de los términos geographic information system y matriz del nombre del Life aprobado por la Unión Europea que coordina el centro tecnológico AZTI-Tecnalia y que tiene previsto concluir en 2017. Giswate tiene como objetivo establecer una metodología y una herramienta que determine la viabilidad y rentabilidad de las opciones de valorización de residuos agroalimentarios y priorice una de ellas, bien sean la fabricación de piensos o la generación de biogás.
Tras la presentación ayer en Bilbao del proyecto sus responsables, entre los que están también las empresas Geograma y LKS (esta de la corporación Mondragón) y la sociedad de Gestión Ambiental del Gobierno Vasco (Ihobe), emitieron una nota de prensa en la que afirman que el GIS permite construir mapas inteligentes en los que la posición geográfica interviene como una variable asociada a una base de datos en la que incluyen todos los factores técnicos, económicos y ambientales que condicionarán la viabilidad de las opciones: cantidades de subproducto generadas, cercanía o dispersión de las mismas, temporalidad, logística, adecuación ambiental de las plantas de tratamiento…
70% aprovechable
El consorcio vasco que desarrolla Giswaste entiende que “la herramienta será de gran ayuda para la toma de decisiones por parte de los agentes que intervienen en el ámbito de la valorización de residuos, así como para las administraciones públicas”. Además, creen que servirá para generar nuevas actividades económicas y oportunidades de colaboración entre generadores y valorizadores de subproductos.
Según los datos aportados para este proyecto, el sector agroalimentario del País Vasco genera anualmente 4 millones de toneladas de materia orgánica, subproductos y residuos. De estos, 133.000 toneladas son restos vegetales, cárnicos y lácteos que tienen un contenido elevado en nutrientes y en compuestos y que podrían convertirse en materia prima nuevamente, como ingredientes para alimentación animal o para la obtención de biocombustibles. Los expertos consideran que se puede valorizar más del 70% de esos restos.
Probiogás marcó el camino
En 2009, el plan singular estratégico Probiogás fue pionero en la identificación del potencial de residuos agroalimentarios disponibles para producir biogás. Los datos globales que aportó esta investigación son aún mayores (incluyen más subproductos) de los que presenta Giswaste, ya que estimaron en 460.000 las toneladas disponibles para su aprovechamiento energético. Se reparten de la siguiente manera: 314.000 de la ganadería; 22.400 de la industria cárnica; 18.000 del sector lácteo; 23.500 del pescado; y 82.000 de vegetales.
De vuelta a Giswaste, en este caso se contempla la puesta en marcha de dos modelos reales de estudio para validar la nueva herramienta que conllevará el desarrollo de dos intalaciones: una planta de biogás y una planta de piensos. Ambas servirán para “comprobar la bondad del método ideado”, concluyen los representantes del consorcio. El presupuesto del proyecto asciende a 1.420.000 euros, de los cuales la UE financia el 48,77%.