El carril bici tiene 25 km de longitud, si bien la zona solar se limita, de momento, a 70 metros, con la intención de ampliarla a los 100 metros en 2016. Su construcción ha supuesto una inversión de 3 millones de euros, sufragados por la autoridad local. Incluye filas de células solares de silicio cristalino, incrustadas en el hormigón y cubiertas con una capa translúcida de vidrio templado. Una ligera inclinación de los mismos permitirá que la lluvia lave la suciedad y mantener así la superficie limpia para garantizar la máxima exposición a la luz solar.
A diferencia de los paneles solares comunes, instalados en los tejados, los paneles incrustados en el suelo generan un 30% menos de energía, debido a que no pueden ajustarse directamente en dirección al sol. No obstante, los instalados en este carril serán capaces de generar tanta electricidad como la que consumen tres casas, con potencial para ampliar dicho subministro a carreteras y a otros usos.
En declaraciones a The Guardian, Sten de Wit, del instituto de investigación holandés TNO, organismo promotor de la idea, señala que hasta un 20% de los 140.000 kilómetros de carretera de los Países Bajos son potencialmente adaptables. De este modo, podrían alimentarse con dicha energía solar otras cosas, como semáforos o coches eléctricos.
En EEUU hay en marcha un proyecto similar. Allí, los ingenieros Julie y Scott Brusaw están desarrollando desde 2006 paneles solares específicos para ser instalados en carretereas y pavimentos. Su compañía, Solar Roadways, ha sido contratada por la Aadministración Federal de Autopistas (America´s Federal Hifghway Administratiton) para construir un prototipo.